Este mes celebramos a las mujeres poderosas de nuestra comunidad. Mujeres que diariamente desafían los estereotipos y luchan contra los prejuicios; trabajando diariamente por construir una sociedad más respetuosa, igualitaria y justa.

Para concluir este mes, platicamos con Andrea Campos, CEO y fundadora de nuestra app partner, Yana. Yana es un chatbot que ayuda al bienestar emocional de las personas, mediante estrategias basadas en la terapia cognitivo conductual.

Andrea nos cuenta sus experiencias personales, aprendizajes y la manera en la que su propia historia influyó en la creación de Yana. Reflexiona entorno al estigma que aún lleva hablar de salud mental y cómo comenzar a abrir puertas a esta conversación que debería ser tan normal, como hablar de salud física. Estas son las palabras que ella nos comparte.

[Hablar de salud mental es importante y necesario, cada historia y experiencia son diferentes. El siguiente artículo puede contener información sensible para algunos lectores.] 

La historia de Andrea

Viví con depresión desde los ocho años. Desde esa edad crecí pensando que la tristeza y la soledad eran parte de mi personalidad, que quizás había nacido mal o “descompuesta”. Nunca me imaginé que fuera una enfermedad que requiriera de atención y tratamiento profesional. A escondidas y en silencio por miedo al “qué dirán”, probé distintos métodos y terapias (tradicionales y no tradicionales).

Fue hasta los 22 años, catorce años y varios intentos de suicidio después, que encontré la Terapia Cognitivo Conductual y la farmacoterapia como tratamiento para mi depresión crónica. Por coincidencia, justo a esa edad me encontraba aprendiendo programación de manera autodidacta. Me di cuenta que podía utilizar la tecnología para programar un sistema que me ayudara a sobrevivir mi siguiente episodio depresivo y a pesar de empezar como un proyecto personal, al platicarlo con más personas me di cuenta que mucha más gente de la que creí necesitaba de un sistema como el que estaba diseñando para mí. Ahí nació Yana.

Salud Mental: Más allá de las barreras

Existen varias barreras para una atención adecuada de la salud mental. Sin embargo, diría que la primera y más importante es el estigma. En promedio, menos del 20% de los mexicanos que tienen problemas de salud mental consigue ayuda, además de que pueden tardar hasta 14 años en llegar al tratamiento adecuado. Eso habla de ciertas barreras, no solo para reconocer que existe un problema en nosotros que requiere de atención, sino de además darle la importancia que requiere como para invertir en una solución.

Abriendo puertas a la conversación

Hablar de salud mental en casa o en el trabajo no siempre es fácil. Es necesario abrir puertas a esta conversación. Lo que ayuda mucho es reconocer todas las cosas que contribuyen a nuestra salud mental y sobretodo, evitar usar este mismo término (Salud Mental).

El término, al estar cargado de tanto estigma, puede asustar a algunas personas y por lo tanto, crear resistencia. Es decir, en el momento que se menciona “Salud Mental”, inmediatamente se puede pensar “no, no, eso no tiene nada que ver conmigo. Yo no tengo ningún trastorno”. Por el contrario, cuando pensamos en “Salud Física”, todos pensamos en los beneficios del ejercicio, de comer bien y de tomar agua, por mencionar algunos. No pensamos necesariamente en las enfermedades. Sin embargo, con la parte mental no existe la misma asociación.

Pensamos luego luego en las enfermedades o trastornos (en lo negativo) en lugar de pensar todas las prácticas de prevención que existen para mantener un bienestar constante (meditación, prácticas de gratitud, registro de emociones, etc). Entonces, para iniciar las conversaciones, a veces conviene disfrazar la conversación de “Salud Mental” por otras cosas con las que la gente se identifica más o cosas que son “más cotidianas”. Por ejemplo: autoestima, insomnio, manejo de emociones, productividad, estrés en el trabajo, tristeza por un rompimiento, comer por ansiedad, etcétera.

A nosotros nos parece muy gracioso porque hemos visto personas que nos dicen “yo no tengo ningún problema de salud mental”, y cinco minutos después te dice “tengo insomnio todos los días, voy fatal en mi relación de pareja y siento que mi jefe me quiere despedir. No soy suficiente como persona”. Y no se dan cuenta que eso exactamente es a lo que nos referimos con salud mental. No hace falta tener un trastorno mental para voltear a ver estas cosas. Así como no es necesario tener diabetes para hacer ejercicio y comer bien, no es necesario tampoco tener depresión para llevar un registro de emociones o un diario de gratitud.

A todo esto también es importante incluir honestidad y empatía en las conversaciones. Sobre todo hemos visto que cuando uno habla desde la experiencia (de lo que ha sufrido y lo que le ha funcionado), hace que los demás sientan la confianza de abrirse también.

Si lo pudiera resumir, diría que nosotros como humanos tenemos metas y objetivos que se ven afectados en el día a día por nuestros pensamientos, emociones y conductas. Trabajar en nuestra salud mental implica poner esos tres aspectos (pensamientos, emociones y conductas) a nuestro favor para alcanzar nuestras metas. Creo que empezar a resaltar lo positivo de la salud mental es clave para empezar a alejarlo de la narrativa y el estigma que ha cargado hasta el día de hoy.

Conquistando el camino

Andrea se ha moldeado con el tiempo. Al día de hoy, me defino como una persona que ha aprendido lo necesario para ejecutar su sueño, a como dé lugar. Me defino como una persona resiliente y perseverante.

Al cuidar de mi propio bienestar y salud, lo primero y más importante es que busco estar consciente la mayor parte del tiempo. Trato de reconocer mis emociones y los pensamientos que hay detrás de dichas emociones. También reconozco cuando estoy teniendo un mal día, una mala racha o algo hormonal que afecte cómo me siento y me doy permiso de “no estar bien”. Reconozco que en la vida hay buenos y malos momentos y que es necesario vivir ambos. Tomo terapia, hago ejercicio, trato de comer bien y me rodeo de personas que quiero mucho.

Mi clave para superar retos u obstáculos es recordar siempre el motivo real por el cuál estás haciendo las cosas. Hay muchos, MUCHOS momentos difíciles en el trayecto de un emprendedor en donde realmente te cuestionas si todo vale la pena. Es en esos momentos donde me acuerdo de Andrea del pasado, me acuerdo de todo el sufrimiento que han vivido las personas que hacen Yana conmigo y me acuerdo de las millones de personas en el mundo que han perdido la esperanza. Solo con eso en mente puedo seguir adelante. Es por ello también que le recomiendo a las personas que no emprendan solo por el afán de emprender. Creo que tiene que haber un fuerte motivador detrás de todo esto.

Si pudiera hablar con mi yo del pasado, simplemente le diría que todo este sufrimiento va a valer la pena algún día. Le diría que es importante vivir en carne y hueso lo que millones de personas experimentan en su día a día para poder verdaderamente crear una solución, principalmente porque no podemos cambiar lo que no conocemos. Le diría que es importante que aprenda a sanar sus heridas para que pueda enseñarle a otros a hacer lo mismo.

Quiero que Yana llegue a ser una superapp para salud mental en todo LATAM y hay mucho trabajo que recorrer. Valoro mucho el proceso que estamos haciendo y hasta donde hemos llegado, pero me inspira y me motiva que falta mucho por hacer.

“You Are Not Alone”

Mi mayor aprendizaje en este camino con Yana es que no se puede llegar lejos sin un equipo. A pesar de que Yana significa “You Are Not Alone” (No estás solo/a), la realidad es que me acostumbré a trabajar sola a lo largo de mi vida. Me costaba mucho trabajar con otras personas, hasta que me di cuenta que no estaba trabajando con las personas correctas. Haber reconocido que este reto iba a necesitar de muchas manos, me dio la oportunidad de conocer a las personas que hoy me atrevo a llamar mi familia. Sería imposible hacer esto sin ellos.

Definitivamente, mi parte favorita de mi trabajo, es crear, diseñar y editar las conversaciones que tiene Yana con la gente. Me inspira leer todas las reseñas. Parte de mi día a día implica estudiar a las personas que utilizan la aplicación y por ello, tengo que meterme a las tiendas de las aplicaciones, a redes sociales y al correo de la empresa para leer lo que cada persona experimenta con Yana. Desde luego que leer las buenas reseñas es sumamente inspirador, pero creo que es más inspirador aún leer aquello en lo que fallamos. Encontrar esos puntos ciegos y el saber que hay mucho que mejorar para crear un verdadero impacto es mi motor de todos los días.

————

Este mes, y todos los meses continuemos exaltando a las mujeres poderosas que nos rodean, nos inspiran e impulsan nuestra sociedad diariamente. Continúa compartiendo y conociendo sus historias.

Si tú o alguien que conoces necesita apoyo, comunícate con SAPTEL, servicio de apoyo gratuito las 24 horas al teléfono (55) 5259-8121.